Narraciones pedagógicas

Los textos adjuntos son un conjunto de narraciones de profesores/as que enseñan español a migrantes haitianos en nuestra fundación.

Por el carácter reflexivo de los textos, su elaboración requirió del acompañamiento de un mediador en distintas etapas. En primer lugar, este último se encarga de orientar la producción de los escritos en atención a su carácter reflexivo, incentivando procesos de reescritura por medio de preguntas que visibilicen y clarifiquen dimensiones experienciales significativas para los autores. Se buscó, además, generar espacios de encuentro entre los autores para que estos socialicen sus producciones e intercambien ideas a partir de aspectos significativos que emergieron desde sus textos. Finalmente, se incentivaron procesos de reescritura para enriquecer en significados los textos elaborados inicialmente.

En definitiva, el presente trabajo intenta contribuir en la construcción de nuevos sentidos en la labor desarrollada por la fundación.

Esas Conversaciones al Inicio de Clases: Explorando Espacios Para la Expresión Libre en Haitianos/as.

Personalmente llevo casi tres años enseñando español a migrantes haitianos. Tanto en la fundación que constituimos hace poco más de un año atrás junto a un grupo de vecinos (Sitadel), como en la empresa en que trabajo dando clases a jornaleros haitianos (Bitumix S.A.), la enseñanza del español a migrantes haitianos es algo que me apasiona mucho. Tras pasar por los colegios con no muy buenas experiencias, volver a la enseñanza en adultos me ha gustado muchísimo. Por motivos personales o biográficos y por todo lo que veo en juego en el ejercicio de esta actividad (la inclusión social), me convoca el estar ahí.
A diferencia de lo que fue mi experiencia como profesor de escuela, me he sentido muy cómodo trabajando con migrantes haitianos. Por lo general son muy dóciles (en un buen sentido) en las instrucciones que doy y en las dinámicas que propongo en clases. Aunque existen algunas limitaciones que no permiten avanzar todo lo que quisiera (falta de continuidad, incumplimiento en las tareas que se envían, etc.), advierto por lo general una muy buena disposición al aprendizaje.
De acuerdo a mi experiencia como estudiante y profesor, muchas veces he observado que en el aula en la cual se enseña una segunda lengua tiende a reforzarse y/o consolidarse una relación desigual o asimétrica entre profesor y alumno respecto al saber. Esto se da de manera casi inevitable: hay un contenido concreto y específico (uso de verbos, vocabulario, etc.) que el docente se propone enseñar y que habitualmente los/as estudiantes desconocen. Al respecto, si bien siento que resulta cómodo como docente trabajar así, me gustaría explorar nuevos espacios o dinámicas en que los/as estudiantes puedan expresarse con mayor libertad en la lengua que están aprendiendo. Esto me resulta de especial agrado, en tanto se propone y valida el español como lengua de expresión en la cual cada uno/a tiene una apropiación diferente y no restringirlo simplemente a un idioma para “entender instrucciones” o a aspectos estrictamente funcionales. En este sentido, como profesor quisiera profundizar más en reconocer el uso que los/as estudiantes tienen del español y no tanto desde una relación más bien colonial en la cual como docente vengo a “exponer” determinado contenido que ellos/as en un principio ignoran y se espera que aprendan en el transcurso de la clase.
Recuerdo una oportunidad en que, al inicio de la clase, les pregunté a los estudiantes por el día de la bandera en Haití. Esto fue hace poco (sábado 18 de mayo) y quería que me narraran qué celebraban y qué hacían para ese día. En esa oportunidad, por sus expresiones en el rostro, pude reconocer que estaba poniendo un tema de su interés y que se esforzaban mucho para explicarme en español qué significaba ese día para ellos. Se mostraban ansiosos, deseosos de darse a explicar, buscando las palabras precisas en una lengua que no es la materna. Dilato la conversación un poco más de lo pensado, porque veo que se esfuerzan por articular sus respectivas explicaciones y descripciones en español.
Mientras sostengo la conversación con ellos puedo observar que están muy involucrados con la conversación. No se trata, esta vez, de estar como estudiantes pasivos que intentan entender un determinado contenido, sino más bien ahora están interesados en expresarse y darse a entender en español. Generalmente, por la ansiedad que acostumbramos tener los chilenos, nos precipitamos a interrumpir el discurso del interlocutor. Es una forma de decir implícitamente “sí, te entiendo, yo ahora quiero decir otra cosa más importante”. Me pasó muchas veces con Dimel Cimelis en Bitumix S.A. y ahora pienso que es una mala idea que nos traicione la ansiedad. En esta ocasión prefiero dilatar el intercambio con Casimir y Joseph un poco más.
Esta vez prefiero dejarlos hablar y no interrumpirlos tanto. Les devuelvo algunas preguntas puntuales para que aclaren, detallen o profundicen en determinados aspectos. En algunos casos dramatizo con gestos exagerados para darme a entender lo mejor posible. Me agrada la dinámica que va surgiendo. No se trata, esta vez, que como docente entienda qué cosas en concreto están refiriendo por medio del español que usan, sino de dilatar el momento para que ellos ahonden en gestos, palabras y explicaciones en la lengua que están aprendiendo. Supongo que en sus vidas cotidianas fuera de esta sala de clases no se ven enfrentados a situaciones así. Es decir, sostener conversaciones en que se validen las dubitaciones, adquieran nuevas seguridades en el uso que hacen del español y vayan más allá del simple “sí”, “no”, “entiendo”, “hola”, “chao”.
Recuerdo que cuando viví en Barcelona y tuve clases de catalán, una vez a la profesora le pregunté “¿Qué fem?” y ella me corrigió “qué farem!”. Supongo que algo así quisiera implementar en clases. Corregir, supongo, lo más fundamental y no corregir demasiado por cada uno de los errores identificados (articulación de la “r”, “j”, por ejemplo) para no desmotivar el proceso de aprendizaje. Sin embargo, ¿qué contenidos específicos corregir en la expresión de ellos/as?, ¿cómo validar el uso que ellos/as hacen del español, pero haciéndoles ver aquellos errores que cometen y que como profesor estimo relevantes destacar? Personalmente, esto es algo que no logro despejar del todo aún. Supongo que, como tantas otras dinámicas de clases, va en la relación que como docente establezco con los/as estudiantes: he observado muchos/as haitianos/as motivados por aprender y agradecen las correcciones que les hago, por otro lado, también he visto a otros/as (¿la mayoría?) que interrumpen su interlocución, mostrando inseguridad por las observaciones realizadas.
Por otro lado, en otras oportunidades los/as estudiante han narrado experiencias de sus trabajos específicos, indicando herramientas y máquinas determinadas y por ambas partes no nos logramos entender. Es decir, ellos/as no se dan a entender bien, ni yo logro captar qué quieren decir. ¿Cómo lograr superar esta limitación? Una alternativa interesante para cautelar estas dificultades, corresponde a los cursos de formación que como fundación estamos elaborando (construcción, jardinería, etc.) en colaboración con la AIR (Asociación de Industriales de La Reina). Esto permitirá delimitar de mejor manera el contenido referido a herramientas y rutinas de trabajo.
Por lo tanto, por mi propensión a interesarme en la expresión más libre y espontánea que los/as estudiantes tienen del español, habitualmente comienzo las clases con una conversación respecto a cómo ha sido su semana. Es un espacio breve en la clase que me gusta mucho, porque es una manera de entrar en conexión con los/as estudiantes. Entiendo que es difícil hablar de uno mismo y cómo uno se siente en una lengua que no es la materna, sin embargo es una práctica cotidiana breve que me gusta mucho hacer. “¿Qué hiciste?”, “¿de qué se trata tu trabajo?”, etc. Cuando son pocos estudiantes es una experiencia muy grata de hacer, sin embargo, cuando ya son más de ocho o diez puede resultar un poco tedioso extenderse demasiado. En síntesis, en lo personal siento que esta instancia es por excelencia el momento predilecto para que los/as estudiantes se puedan expresar libremente en español respecto a cómo se sienten. ¿Cuándo interrumpir?, ¿qué corregir? Sinceramente esto es algo que aún no logro despejar del todo. De todos modos, siento que es una dinámica que seguiré haciendo, en tanto siento contribuir para que los/as estudiantes tengan mayor seguridad al momento de expresarse en español.

Fundacion Sitadel

Taller 1.

Estoy sentada enfrentada a un desafío que no se si seré capaz de lograr en buen término.
Desde que nos juntamos me da vuelta y vuelta qué experiencia compartir, cuál de ellas me ha marcado más, por qué, etc. es un poco como ir al psicólogo.
He decidido que una experiencia para compartir, que incluso me hizo dudar de seguir en este tema del voluntariado ocurrió hace 2 años, trabajaba en otro grupo, en el INCAMI; ahí éramos dos profesoras, una que ya llevaba tiempo y hacía un nivel algo mas avanzado que yo, de hecho, era profesora de castellano; los alumnos llegaban y no tenían curso fijo, iban a la sala que ya estaba abierta, con lo cual se establecía una especie de competencia por tener alumnos, al menos yo lo sentía así.
La experiencia que quiero relatar se desarrolla en ese contexto: llego corriendo desde el hospital donde trabajo; con algunos minutos de retraso, los alumnos están con esta profesora, son como 6 o 7 alumnos, la clase está a punto de iniciarse.., entonces le propongo a la profe que nos dividamos la clase, ella lo comunica a la clase y NADIE se mueve, explica que yo estoy ahí y que necesito algún alumno; pero todos se miran y no se mueven, sería un minuto; pero me pareció eterno, estaba por irme; casi con ganas de llorar de frustración, cuando se levanta un alumno y dice yo me voy con Ud. profesora…
Obviamente fue una clase personalizada, creo que una de las mejores y más entretenidas que he hecho, recuerdo que era el tema de salud, hicimos juego de roles, el alumno pudo hablar harto en español, al término de la clase conversamos de su vida; porqué estaba en Chile, etc.. Me contó que él era profesor en Haití, quizás por eso solidarizó conmigo y fue capaz de captar la pena y frustración que sentí.
Esta situación me hace enfrentar cada clase con bastante ansiedad, empiezo a relajarme cuando llegan los primeros alumnos, cuando veo que participan y el tema logra interesarlos.
También me lleva a reflexionar si soy voluntaria solo para satisfacer mi ego, “que buena soy, me preocupo por los más débiles dentro de la sociedad, hago algo …y un largo etc y busco el reconocimiento” o si en realidad estoy convencida de que con mi pequeño aporte puedo influir para que las condiciones de vida sean menos penosas para personas que se aventuran en otro país, con otro idioma, buscando mejores oportunidades.
Esta última reflexión, da para otro relato.
María Isabel Ferres Garrido

Relato literario.

Cuando empecé a vincularme con la comunidad haitiana residente en chile en el segundo semestre del año 2017 fue wow, me voló la mente. Honestamente, lo que sabía sobre ellos y su tierra natal era vergonzosamente mínimo; básicamente que eran de piel negra y que su país era caribeño.
Al revisar mis recuerdos sobre algún episodio fue difícil evocar sólo uno en particular, sin embargo debo reconocer que ha habido un tema que ha y sigue llamando fuertemente mi atención. El feminismo y la demanda por la reivindicación de los derechos de nosotras las mujeres ha sido protagonista de los titulares en nuestro país. Tema que trato de incluir de forma transversal en mis clases como profesora. Por supuesto que mi esencia se ve plasmada en mi relación con los estudiantes y lleva consigo mis creencias.
En diversas ocasiones me he visto conversando con mis alumnos y alumnas sobre roles de género y otras temáticas. La verdad, es que he notado que la cultura haitiana tiene un dejo bastante machista. Lo he podido notar en sus ademanes en clase. Cuando han dicho que es feo que una mujer no sepa cocinar y otras atrocidades. En dichos momentos he salido al rescate de mis verdades absolutas a poner de manifiesto mi opinión.
La verdad, es que últimamente he divagado sobre mi conducta, ya que me pregunto si mi forma de intervenir y de ver el rol de la mujer en la sociedad hoy, siglo veintiuno, tiene un pedestal desde los privilegios más íntimos de mi ser, que tienen que ver con ser mujer blanca, con derecho a voto y a acceso a la educación superior. Privilegio de acceso a la información sobre métodos anticonceptivos y demáses. También me pregunto si esas, mis mujeres estudiantes, tienen más en común conmigo o con los hombres con los que comparten su tierra natal. Creo que con el paso del tiempo he aprendido a diseñar mis clases de español con una mirada más conciliadora que esperando traspasar el lenguaje de una cultura dominante a una subordinada.
Nataly Moyano

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